Llega una paciente nueva.
El alta toma segundos: con el nombre basta — lo que no sepas con certeza se queda vacío, no inventado. En el mismo paso se generan su usuario y su contraseña, y se los mandas por WhatsApp antes de que se siente.
La cita que no se pierde.
Agenda por consultorio y profesional: el sistema solo ofrece huecos libres y avisa si algo choca. El recordatorio de WhatsApp sale armado — fecha, hora y la sede correcta — y tu paciente confirma desde su portal. Tú decides cuándo enviarlo; nada sale solo.
El paquete lleva su propia cuenta.
Un paquete se cobra una sola vez e incluye N aplicaciones. Cada aplicación queda en su historial y descuenta del paquete: el famoso «2 de 4» que hoy vive en la memoria de alguien. Cobro, paquete e inyección se ligan solos, en un paso — con lote y marca del vial.
El progreso que se puede enseñar.
Medidas con cinta en el mismo orden siempre — por eso son comparables. La composición corporal se importa del reporte de tu báscula con pegar un enlace. Fotos antes/después con fecha. Cuando la paciente dude, le enseñas su curva: contra eso no hay discusión.
Tu clínica, en su teléfono.
Tu paciente entra a su portal y ve su progreso, sus citas y su plan — y nada más: es de solo lectura, no puede tocar tu expediente. Puede instalarlo como app, con tu nombre y tu logo en su pantalla de inicio. El paciente que ve su curva bajar es el que renueva.
La cuenta clara, sin libreta.
Cuánto entró, de qué tratamientos, qué citas se atendieron y cuáles no. Los reportes salen de los cobros que tu equipo registró en cada visita — el número que ves es el que pasó. Y solo lo ve el dueño: los ingresos no son asunto de todo el equipo.